miércoles, 21 de diciembre de 2016

21 de diciembre de 2016

El regente de la dependencia ha impartido la imperante instrucción de relegar a los inspectores y trashogueros de sus labores. Sin distinción, han sido promovidos inobjetablemente a las labores de articulistas, revisores y amanuenses. Innumerables tomos de variantes legajos, dimensiones y densidades sufren un estancamiento catastrófico en la entrada del pavimento, a falta de receptor. Favorablemente, la congregación ha atendido la encomienda expresa, y de forma diligente ha comenzado a despachar con aparente éxito las misivas y comunicados a petición del director. El ingreso de resmas y cartuchos ha aumentado exponencialmente, de manera que los patinadores deben mover con la argucia de un juego de lógica: las pilas de tomos y los encargos de productos de papelería. Ante la angustiosa situación, el regente nuevamente solicita abstraer los elementos horizontales del pavimento, pidiendo que los Documentos de Carácter Urgente y asuntos extremadamente Impostergables sean concebidos en una fracción del área, dispensando el favor de las mesas y sillas. Cuando la imbricación de los elementos verticales requiso de labores más complejas, dificultando el ingreso de los insumos, se encomendaron bolígrafos de larga duración, especiales para Opulentas rúbricas, y cotidianos y vitales artilugios de bufete; los cuales comparecían mediante mentecates coordinados desde el primer pavimento, que a su vez, y en vista de los recientes acaecimientos extrapolados a los pisos del inmueble (y en los predios vecinos), han optado por trabajar en la intemperie de la acera provisto de guarniciones y enramadas, para las cuales las macizas pilas de tomos e informes han sido edificantemente útiles. Los funcionarios e inspectores han coaccionado su propia defenestración (en su sentido lato y literal) al regente, quien subrepticiamente se ha convertido en un redactor más. Sin embargo, las apelaciones y respuestas de los magnos remitentes, a los encargos despachados, obstruyen definitivamente el acceso a los pavimentos, impidiendo el paso de los apiladores lógicos y, propendiendo a los burócratas a optar por el sentido literal, y romántico de la palabra. Los perseverantes y obstinados, son conducidos del estupor a una apacible resignación por lo que retoman las labores oficinistas, y envían respuestas, subsanaciones y demás Tomos de Contenidos Determinantes a través de las poleas, y a su vez reapilan los tomos en el espacio liberado por los colegas desertores. No más que por instinto de supervivencia, los revisores, luego de días de profundas cavilaciones (en los momentos en que los requerimientos de remisiones y recibos se reducen), optan por evacuar las pilas lógicas del pavimento a la calle. Decisión que de manera unánime y coincidente se ha tomado a lo alto y bajo del predio, y los circundantes. Esta calamitosa empresa, bloquea el paso de acordeones escarlatas, carros mortales y vehículos blindados por las calles, impidiendo el desplazamiento de los funcionarios: a lo que una vez fueron sus hogares. Ante la emergencia, el Gerente General es socorrido en helicóptero, con tan mala suerte que la “pasta aglutinante” comprendida de papel y agua de lluvia, impedía cualquier toma de tierra en las regiones prestas a su autonomía de vuelo. Una noche despejada y consecuentemente fría, la abnegación condescendiente de los sobrevivientes se transfiguró en la consciente y natural aceptación de la condición humana. Por un lapso de tiempo, miraron las estrellas, se hicieron preguntas extraterrestres y mundanas, se olvidaron, pero no por mucho tiempo, de los Documentos Importantes, los sellos y las firmas.