jueves, 23 de agosto de 2018

El legado de los “Liberales Radicales”, antagonistas del sentir popular.


La comisión negociadora del partido completaba un puñado de días en la aldea, a pesar de la severidad del calor se resistían a renunciar de sus amortajadas vestiduras con las que intermitían de los concilios en la gran casa a la mancebía de Catarino. Cuando finalmente se congregaron en la sala de paredes de cal, donde años después se instalaría el clavicordio de Meme, el Coronel Aureliano Buendía prescindió de la jurisdicción de su círculo de tiza para escuchar atentamente las propuestas de los emisarios, que referían reformas tácticas orientadas a aumentar la favorabilidad popular de la causa liberal.

Éstas consistían en desistir de las revisiones de títulos de tierras para recuperar el apoyo de los terratenientes liberales, quienes ya habían suscrito alianzas secretas con los terratenientes conservadores para tales fines. También, dejar de lado la lucha manifiesta por un estado laico para ganar el apoyo de los conservadores católicos y que se tomaran las medidas necesarias para preservar la moral y las buenas costumbres de los hogares. El coronel, extraviado en la soledad de una guerra anacrónica y estancada, dijo: “Quiere decir - que sólo estamos luchando por el poder1”. -Si estas reformas son buenas, quiere decir que por años hemos luchado contra el sentir del pueblo- replicó uno de los asesores, que fue silenciado de ipso facto por el coronel.

Por aquellas décadas, en una realidad no tan mágica pero pintorescamente igual de verosímil, se libraron numerosas guerras civiles en el país a causa del influjo de las teorías políticas en furor en Europa y Estados Unidos procedentes de la Revolución Francesa, que convirtieron el pensamiento liberal en un fenómeno de la modernidad en occidente. Algunos de estos principios fueron traídos y contextualizados por Ezequiel Rojas y se convirtieron en políticas de gobierno con la llegada a la presidencia de José Hilario López en 1849. Entre estos, ameritan su mención: la absoluta libertad de imprenta y palabra, la libertad de la enseñanza, la abolición de la esclavitud, la libertad de culto, la supresión de la pena de muerte, la disminución del poder ejecutivo, el fortalecimiento de las provincias y otras medidas igual de vanguardistas para su tiempo.

La propuesta liberal generó una empatía repentina en una porción de los colombianos y en medio de las decimónicas guerras civiles se labró el camino para que el 8 de mayo de 1863 se proclamara la constitución de Rionegro, con la cual se crearon los Estados Unidos de Colombia bajo un sistema federal de nueve estados soberanos, con gran autonomía, amplias libertades públicas, énfasis en la educación y una considerable disminución del poder ejecutivo central en la política nacional. Ésta proclama le valió al país desde el “reconnaissance à vos nobles et libres concitoyens2(el reconocimiento a vuestros nobles y libres conciudadanos) de Víctor Hugo en una carta enviada Au ministre de la République de Colombie desde la cuna del liberalismo hasta la denominación de “Liberales Radicales3” al grupo de políticos colombianos precursores de las iniciativas.

En una alianza fraguada entre los conservadores y la iglesia, opuestos al sistema de educación pública, laica y obligatoria, en un movimiento conocido como La Regeneración, se buscó a toda costa sacrificar el intento más plausible en la historia de construir un sistema de librepensamiento en Colombia. La estratagema de avanzada fue la solicitud de los obispos a los padres de no enviar a sus hijos a los colegios y la que fue llamada guerra de las escuelas en 1876. La inestabilidad política ocasionada por las cruzadas de la educación fue la antesala a la proclamación de la constitución conservadora de 1886 o de La Regeneración, la cual le regresó con creces la participación política a la iglesia y le retornó su dominio sobre la educación. Regresaron la censura y la pena de muerte, la condena al divorcio y las libertadas ganadas hacía escasos 23 años fueron suprimidas.

Personalmente, considero de gran importancia hacer una breve mención y reconocimiento a las iniciativas más representativas gestadas en el fugaz renacimiento colombiano experimentado en estos años, ya que a pesar de La Regeneración, muchas de éstas subsistieron para dejar una semilla de conocimiento y desarrollo que permanecen incólumes hasta nuestros días:

En 1849 se dio inicio a la comisión corográfica liderada por Agustín Codazzi con el objetivo de elaborar mapas de la república, inventariar y clasificar los recursos naturales, relacionar el estado de las vías de comunicación, elaborar estadísticas y registros de las formas de vida y cultura de los pobladores. A las cinco de la tarde del 1 de noviembre de 1865 se transmitió el primer telegrama en Colombia, producto de la gran preocupación de los gobiernos liberales sobre las dificultades de la comunicación debidas a la geografía del país. A partir de este momento, la telegrafía se devino en un importante medio de comunicación e integración entre las regiones con altas repercusiones sociales, políticas y económicas. Con las políticas de desarrollo industrial, en 1865 abrió el primer banco del país, en 1882 ya existían 42, regidos por las normatividad estatal propendiendo a la nula intervención de este en su actividad financiera.

En 1867 fue fundada la Universidad Nacional de Colombia, hoy la universidad más importante del país. Con el fomento del modelo exportador de productos agrícolas y mineros junto con las leyes de 1863 y 1870 adoptadas para la distribución de tierras a pequeños campesinos, se sentaron las bases del crecimiento de la economía del país. Mediante la ley 59 de 1871 decretada en el gobierno del Eustorgio Salgar se fomentó la inmigración hacia el país, la colonización de tierras baldías y la apertura de vías fluviales y terrestres. Entre 1872 y 1874 durante la vigencia presidencial de Manuel Murillo Toro se promovió la apertura de caminos de herradura, la navegación a vapor en varios ríos y la construcción de una línea mixta interoceánica. (Para la constitución Regeneradora el país ya contaba con nueve líneas férreas).

Muchos años después del pelotón de fusilamiento y de la constitución de los liberales radicales, los compromisos laborales me llevarían a los estribos de la sierra que inspiraron las tierras de incesto y huevos prehistóricos. El pregonero de la flota anunció la parada previa a mi destino, y fue inevitable saltar a las calles donde lo único que permanecía intacto era el calor bochornoso del medio día que resistió la comisión de asesores del Coronel Aureliano. Entre el estupor y la desilusión, recorrí sus calles polvorientas y desidiosas, caminé hasta el parque y me senté en una jardinera. Mientras subía mis manos abiertas sobre la tez para quitarme el pelo de la cara sentía la argamasa de sudor y polvo que se formaba en mi rostro, un mozalbete destapó una cavidad en el poste del alumbrado e hizo un rudimentario puente eléctrico para instalar un tomacorriente, ubicó una silla rimax remendada con alambre a escasos metros de donde me encontraba.

El cliente llegó, tomó asiento y sin tiempo para asimilar el acontecimiento, se encendió el motor de la máquina, con la que comenzaron a desbastarle las patillas y la nuca, los restos de pelo eran arrastrados por el viento en mi dirección como una diatriba, un perro callejero que pasaba levantó la pierna y orinó sobre la conexión adulterina, generando una corriente que terminó por mojarme los zapatos. Sin hacer un sólo movimiento, cerré los ojos, todavía con los pulgares en las cienes y la frente recostada en los metacarpos pensé: ¡MACONDO!.

1100 Años de Soledad. Capítulo 9.
2Correspondencia. Victor Hugo Au ministre de la République de Colombie. 1863.
3To Camila who instigated a late but rewarding engram about “radical” liberal thinking in my mind.

domingo, 20 de mayo de 2018

El swing del melo-liberalismo



En el año 1862, la Proclamación de Emancipación demandaba que todas las personas mantenidas como esclavos, inclusive y máxime en las regiones tiranas, debían ser libres a partir de este momento. Ésta habría sido la gran victoria de Abraham Lincoln en su segundo año como presidente de los Estados Unidos, pero 3 años más tarde, al fin triunfal de la guerra civil con la suscripción de La Decimotercer Enmienda, logró poner fin a la esclavitud. Probablemente una de las causas primordiales del pensamiento liberal: defender la igualdad de un ciudadano ante la ley, y no precisamente “Ante la Ley” de Kafka.

La libertad decretada en papel a más de 4 millones de esclavos, no les garantizó igualdad ni justicia cabal, pero sí la suficiente para disponer de sus cuerpos libres en la conformación de una incipiente sociedad heterogénea. A inicios del siglo XX la exposición a los haberes del revitalizado gobierno de posguerra incentivó una onda creadora desde la libertad de sus mentes, que conjugada a su riqueza inmaterial preservada con cauteloso esfuerzo por siglos, generó una sinergia indómita que no respetó reglas ni parámetros a la hora de crear.

Sus manos habían pasado de los rudimentarios elementos resonantes reservados para la juerga dominical a un sinfín de instrumentos de diferentes familias, materiales y tonalidades, provistos de instructivos y conocimientos imprescindibles para occidente. Las fiestas y salones de baile eran exclusivos de perimetres blancos americanos que se movían cadenciosamente al son del los acompasados, métricos, estrictos y sacros géneros; esto sólo cuando la consagración a la música de Europa permitía un intervalo de exaltación recatada.

Al mismo tiempo, en los suburbios, las manos y mentes libres descomponían, reconstruían e instauraban a partir de su sensibilidad e interpretación las bases de lo ya constituido. Rompieron las cadenas de motivos y melodías, que se supeditaban a la rigurosidad de la institución y a una lectura pentagrámica, para pulular libremente entre escalas y ritmos espontáneos, dionisiacos. Esta amalgama de magia creadora se devino en el swing, que no era más que un encantamiento rítmico con acceso directo al cuerpo, en el cual encendía una voluntad emancipadora de moverse.

¡La música del diablo! ¡Quieren convertirnos en una selva africana! Objetó la ortodoxa sociedad americana, haciendo un llamado a las buenas costumbres y modos de la raza blanca. En efecto, esta música despertaba en los ambulantes y espectadores una susceptibilidad al comportamiento inmoral. No deliraba Platón al haber conjeturado que en algún momento la música sería prohibida, por su llamamiento a las emociones y exclusión de la razón.

Al ritmo paquidérmico que han avanzado en la historia las premisas liberales por celar la libertad de pensamiento, conciencia, expresión y reunión; reculó la oposición que obstinadamente pretendía someter las manifestaciones instintivas y terrenales inherentes al ser humano. El swing del melo-liberalismo afroamericano salió de los burdeles y muladares para iniciar su diáspora por los Estados Unidos, reconfortando las aflicciones de la Gran Guerra y procurando una razón para reír, bailar, beber y sobreponerse a la crisis de 1929; enviando a todo occidente un precedente de este arquetipo naciente.

Mientras los brokers desahuciados saltaban por las ventanas de los rascacielos del Lower Manhattan, más allá de las fronteras del sur, en una “tierra de placeres, de luz y alegría”, levantado con guineo y ñame, entre el empirismo consagrado y la instrucción musical disponible, un pelao'e 17 años extraordinariamente diestro en la interpretación de vientos de lengüeta y boquilla, desprendía una estela de talento y genialidad que parecía una estrella.

Tradicionalmente los vientos, en particular la trompeta y el clarinete, ya tenían un protagonismo cautivador en las músicas autóctonas de las tierras bajas de Córdoba, Bolívar y Sucre. Pero quizá la continuidad mesurada de la herencia musical no hubiese tenido un punto de inflexión determinante en la interpretación del espíritu nacional, si el acervo sonoro compilado en los primeros años por el ilustre carmero no se hubiera prestado sin suspicacia alguna a la fusión con los conocimientos musicales obtenidos en el conservatorio.

En su madurez musical, este compositor, director, intérprete y arreglista desarrolló una línea melódica codificando los elementos necesarios para urdir aquel punto de inflexión. La tradicionalista sociedad colombiana no estaba preparada para recibir una dosis de resonancias disruptivas que reivindicaban el folclor con sonidos novedosos y ritmos que enriquecían consumadamente la música colombiana en tiempos en que prevalecía de manera generalizada la admiración por el espíritu eurocéntrico y se tendía a la marginalización de los sonidos propios.

¡Es una merienda de negros! ¡Música que hace que la gente se arrebate! Alzó la voz la sociedad, resistiendo a esa música montaraz que incitaba al desorden y al desenfreno alcohólico y sexual. Pero ante la inherente lascivia latina, el swing del melo-liberalismo de la música, que interpretada por papayera jaleando con los oyentes, en un instante podía convertirse en una big-band de tarima, dijo: llegué para quedarme. Si no, ¿Dónde hubieran encontrado nuestros connacionales razones para reír, bailar, beber y sobreponerse a la guerra de los partidos y acto seguido al aniquilador del estado de derecho: El Frente Nacional?

Los años pasaron y estas corrientes pioneras de los Estados Unidos y Colombia se derivaron en numerosos ritmos, géneros y sonidos que al día de hoy resultaría estéril tratar de definirlos y agruparlos inequívocamente. Sin embargo, de manera análoga en nuestros días las pretensiones de algunas aristas de la sociedad en separar lo culto de lo popular, lo excelso de lo inmoral, en determinar lo que vale más y lo que vale menos, pareciera no perder vigor.

El pensamiento liberal propende a que el estado no interfiera en las creencias morales y religiosas de la gente, siempre que estas no afecten a otros en contra de su voluntad, y que a su vez éste garantice la no discriminación por cuenta de dichas creencias. La música, más que un rol social agenda aspectos espirituales propios de la aventura humana y la riqueza inmaterial de un territorio. Poder deleitarse con la herencia del swing, el ritmo que incita a moverse, es una manifestación divina de infinita misericordia con nosotros: los animales racionales.

Por eso pido a la Providencia, a la luz de las palabras del escritor Alejo Carpenter, tener la suficiente razón para ser siempre un melo-liberal; y tener el eclecticismo suficiente para “ser receptor de todo lo que tiene valor, lo realmente bueno (lo disfrutable) y auténtico” sin importar su procedencia, su llamado a la concupiscencia o clasificación. Pido que me conceda el discernimiento necesario para valorar la ocasión y la vocación de un motivo de la trompeta de Louis o del clarinete de Lucho, un riff champetú o un pegajoso motivo en el pariseo. Al fin y al cabo, todos han sido en algún momento parias, hijos del lenguaje de mentes liberadas, pioneras y rebeldes que un día dijeron: la multitud quiere un ritmo contagioso un swing liberal de perreo intenso.