La comisión negociadora del
partido completaba un puñado de días en la aldea, a pesar de la severidad del
calor se resistían a renunciar de sus amortajadas vestiduras con las que intermitían
de los concilios en la gran casa a la mancebía de Catarino. Cuando finalmente se
congregaron en la sala de paredes de cal, donde años después se instalaría el
clavicordio de Meme, el Coronel Aureliano Buendía prescindió de la jurisdicción
de su círculo de tiza para escuchar atentamente las propuestas de los
emisarios, que referían reformas tácticas orientadas a aumentar la
favorabilidad popular de la causa liberal.
Éstas consistían en desistir de
las revisiones de títulos de tierras para recuperar el apoyo de los
terratenientes liberales, quienes ya habían suscrito alianzas secretas con los
terratenientes conservadores para tales fines. También, dejar de lado la lucha
manifiesta por un estado laico para ganar el apoyo de los conservadores
católicos y que se tomaran las medidas necesarias para preservar la moral y las
buenas costumbres de los hogares. El coronel, extraviado en la soledad de una
guerra anacrónica y estancada, dijo: “Quiere
decir - que sólo estamos luchando por el poder1”. -Si estas
reformas son buenas, quiere decir que por años hemos luchado contra el sentir
del pueblo- replicó uno de los asesores, que fue silenciado de ipso facto por
el coronel.
Por aquellas décadas, en una
realidad no tan mágica pero pintorescamente igual de verosímil, se libraron
numerosas guerras civiles en el país a causa del influjo de las teorías
políticas en furor en Europa y Estados Unidos procedentes de la Revolución
Francesa, que convirtieron el pensamiento liberal en un fenómeno de la
modernidad en occidente. Algunos de estos principios fueron traídos y
contextualizados por Ezequiel Rojas y se convirtieron en políticas de gobierno
con la llegada a la presidencia de José Hilario López en 1849. Entre estos, ameritan
su mención: la absoluta libertad de imprenta y palabra, la libertad de la
enseñanza, la abolición de la esclavitud, la libertad de culto, la supresión de
la pena de muerte, la disminución del poder ejecutivo, el fortalecimiento de
las provincias y otras medidas igual de vanguardistas para su tiempo.
La propuesta liberal generó una
empatía repentina en una porción de los colombianos y en medio de las
decimónicas guerras civiles se labró el camino para que el 8 de mayo de 1863 se
proclamara la constitución de Rionegro, con la cual se crearon los Estados
Unidos de Colombia bajo un sistema federal de nueve estados soberanos, con gran
autonomía, amplias libertades públicas, énfasis en la educación y una
considerable disminución del poder ejecutivo central en la política nacional. Ésta
proclama le valió al país desde el “reconnaissance
à vos nobles et libres concitoyens2” (el reconocimiento a
vuestros nobles y libres conciudadanos) de Víctor Hugo en una carta enviada Au ministre de la République de Colombie
desde la cuna del liberalismo hasta la denominación de “Liberales Radicales3”
al grupo de políticos colombianos precursores de las iniciativas.
En una alianza fraguada entre los
conservadores y la iglesia, opuestos al sistema de educación pública, laica y
obligatoria, en un movimiento conocido como La Regeneración, se buscó a toda
costa sacrificar el intento más plausible en la historia de construir un
sistema de librepensamiento en Colombia. La estratagema de avanzada fue la
solicitud de los obispos a los padres de no enviar a sus hijos a los colegios y
la que fue llamada guerra de las escuelas en 1876. La inestabilidad política ocasionada
por las cruzadas de la educación fue la antesala a la proclamación de la
constitución conservadora de 1886 o de La Regeneración, la cual le
regresó con creces la participación política a la iglesia y le retornó su
dominio sobre la educación. Regresaron la censura y la pena de muerte, la condena
al divorcio y las libertadas ganadas hacía escasos 23 años fueron suprimidas.
Personalmente, considero de gran
importancia hacer una breve mención y reconocimiento a las iniciativas más
representativas gestadas en el fugaz renacimiento colombiano experimentado en estos años,
ya que a pesar de La Regeneración, muchas de éstas subsistieron para dejar una
semilla de conocimiento y desarrollo que permanecen incólumes hasta nuestros
días:
En 1849 se dio inicio a la comisión
corográfica liderada por Agustín Codazzi con el objetivo de elaborar mapas de
la república, inventariar y clasificar los recursos naturales, relacionar el
estado de las vías de comunicación, elaborar estadísticas y registros de las
formas de vida y cultura de los pobladores. A las cinco de la tarde del 1 de
noviembre de 1865 se transmitió el primer telegrama en Colombia, producto de la
gran preocupación de los gobiernos liberales sobre las dificultades de la
comunicación debidas a la geografía del país. A partir de este momento, la
telegrafía se devino en un importante medio de comunicación e integración entre
las regiones con altas repercusiones sociales, políticas y económicas. Con las
políticas de desarrollo industrial, en 1865 abrió el primer banco del país, en
1882 ya existían 42, regidos por las normatividad estatal propendiendo a la
nula intervención de este en su actividad financiera.
En 1867 fue fundada la
Universidad Nacional de Colombia, hoy la universidad más importante del país. Con
el fomento del modelo exportador de productos agrícolas y mineros junto con las
leyes de 1863 y 1870 adoptadas para la distribución de tierras a pequeños
campesinos, se sentaron las bases del crecimiento de la economía del país. Mediante
la ley 59 de 1871 decretada en el gobierno del Eustorgio Salgar se fomentó la
inmigración hacia el país, la colonización de tierras baldías y la apertura de
vías fluviales y terrestres. Entre 1872 y 1874 durante la vigencia presidencial
de Manuel Murillo Toro se promovió la apertura de caminos de herradura, la
navegación a vapor en varios ríos y la construcción de una línea mixta
interoceánica. (Para la constitución Regeneradora el país ya contaba con nueve
líneas férreas).
Muchos años después del pelotón de fusilamiento y
de la constitución de los liberales radicales, los compromisos laborales me
llevarían a los estribos de la sierra que inspiraron las tierras de incesto y
huevos prehistóricos. El pregonero de la flota anunció la parada previa a mi
destino, y fue inevitable saltar a las calles donde lo único que permanecía intacto
era el calor bochornoso del medio día que resistió la comisión de asesores del
Coronel Aureliano. Entre el estupor y la desilusión, recorrí sus calles
polvorientas y desidiosas, caminé hasta el parque y me senté en una jardinera. Mientras subía mis manos abiertas sobre la tez para quitarme el pelo de la cara sentía la argamasa de sudor y polvo que se formaba en mi rostro, un mozalbete destapó una cavidad en el poste del
alumbrado e hizo un rudimentario puente eléctrico para instalar un
tomacorriente, ubicó una silla rimax remendada con alambre a escasos metros de
donde me encontraba.
El cliente llegó, tomó asiento y
sin tiempo para asimilar el acontecimiento, se encendió el motor de la máquina,
con la que comenzaron a desbastarle las patillas y la nuca, los restos de pelo eran
arrastrados por el viento en mi dirección como una diatriba, un perro callejero
que pasaba levantó la pierna y orinó sobre la conexión adulterina, generando
una corriente que terminó por mojarme los zapatos. Sin hacer un sólo movimiento, cerré los ojos, todavía con los pulgares en las cienes y la frente recostada en los metacarpos pensé: ¡MACONDO!.
1100 Años de Soledad. Capítulo 9.
2Correspondencia. Victor Hugo Au ministre de la
République de Colombie. 1863.
3To Camila who instigated a late but
rewarding engram about “radical” liberal thinking in my mind.
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