lunes, 7 de abril de 2014

Una esperanza cósmica al debacle de la aventura humana

"La superficie de la Tierra es la orilla del océano cósmico. Desde ella hemos aprendido la mayor parte de lo que sabemos." 
Carl Sagan


Sin duda la influencia que tuvo la presencia del polémico señor X en el desarrollo y ejecución de la carrera espacial, seguirá causando ahondadas repercusiones desde el enfoque que este quiso sembrar en ella. Bajo este seudónimo, el astrofísico, escritor, astrónomo y divulgador científico de sinuoso estilo literario: Carl Sagan, publicó un ensayo desde su rol de consumidor y defensor de la marihuana en donde expone como esta ayudó a inspirar parte de su obra, y así mismo a mejorar sus experiencias sensoriales e intelectuales. Como parte de esta y otras singularidades que fueron esenciales en su asesoría y colaboración, principalmente en la Nasa y sus programas espaciales; “Mr X” formuló interrogantes y planteó asuntos que han llevado a otros ámbitos las discusiones y estudio de estos temas, y así mismo han nutrido el alcance a causa de sus resultados y efectos.


sonidos de la tierra
Sagan concibió la idea de añadir un mensaje universal y duradero a las misiones destinadas a surcar eternamente el espacio, el cual fuese potencialmente comprensible por cualquier civilización o inteligencia que lo encontrase. Así, estas sondas espaciales –que llevan cerca de 37 años alejándose de nuestro planeta, unas 14 horas luz- llevan consigo saludos, músicas, sonidos e imágenes que muestran la diversidad de la vida y la cultura en la tierra y su ubicación en el universo conocido. Claro está, que lejos de ser un intento de contactar la vida extraterrestre ya que alcanzaría su primer “sistema solar” análogo en 40 mil años, más podría ser un testimonio cósmico simbólico de la huella de la vida en nuestro planeta y su perpetuación en la expansión del universo. En su aporte, Sagan demandó la toma de una fotografía a una distancia de 6 mil millones de kilómetros de la tierra, por parte de Voyager 1, que fue titulada “El pálido punto azul”; la cual fue objeto de un profundo análisis introspectivo de la metáfora de la grandeza de la aventura humana y a la vez su infinita nimiedad. Sobre la cual manifestó: “Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez escuchaste, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada superestrella, cada líder supremo, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí —en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.”


El pálido punto azul
Cuando toda la atención estaba puesta en alcanzar la luna, para él y muchos otros, quizás la razón más importante resultaría ser llegar allá para pensar en la tierra –más que darnos cuenta de nuestra presencia en ella-, el hecho de mirar hacia el hogar como un todo por primera vez y la perspectiva absorta que este causó en los primeros cosmonautas, y que en efecto implica a la humanidad entera. Un resultado vaticinado en cierta medida por el gran Sagan, surgió luego de este gran paso. El sol sobre un inmenso fondo oscuro, estrellas fugaces entrando en la atmósfera, tormentas eléctricas intermitiendo en las penumbras, atardeceres y alboradas desde ángulos inéditos, la línea que divide el día y la noche recorriendo su extensión, la disolución de fronteras políticas y segregaciones sociales, las deforestaciones arrebatando el verde y las sequías el azul, incendios y contaminación, una atmósfera tenue y vulnerable protegiendo toda manifestación de vida; -Una frágil bola de vida, colgando en el vacío y su eterna inefabilidad sinestésica-.

-El efecto de la visión en conjunto-, un cambio cognitivo en la consciencia, experimentado por los cosmonautas en las misiones al espacio, durante sus tiempos de ocio, cautivos de la “contemplación a la tierra”. Este síndrome, mostrando la realidad del planeta en un plano excepcional, abogó en lo más profundo de sus mentes por la necesidad apremiante de crear una sociedad planetaria de voluntad conjunta, coherente y cooperativa ante la experiencia de ver en primer plano su realidad y apreciable fragilidad, nuestra gran huella sobre ella y las numerosas fronteras invisibles; para proteger y preservar este “pálido punto azul”. El astronauta Edgar Mitchell, ante las consecuencias que acarreó el efecto, se fascinó en encontrar una definición para este y en remotas inscripciones encontró el -Savikalpa Samadhi–. Ver las cosas como ves con tus ojos, pero experimentadas emocional y visceralmente con éxtasis y un sentido total de unicidad y unidad. En contraste, inevitablemente la maldad ha penetrado en los tiempos, hasta los confines más interiores del ser humano magnificándolo, haciéndolo indispensable, déspota, megalómano, indiferente. 

Apoderar con un poco de esperanza a los efectos de la visión en conjunto, hecho que podría alentar a forjar otra historia a partir de esa nueva imagen y buscar un enfoque sostenible para preservar nuestro hogar; resulta ser entonces, más un acto optimista que disparatado. La necesidad de actuar como especie es imperiosa, la tierra está enferma y algo va muy mal, más allá de la reparación de un sistema económico o político, es necesario comprender todo lo que está y ha estado en juego, y la oportunidad de contar con este flamante agente catalizador para materializarlo podría ser vital. Imaginar a esos seres extraordinarios que de algún modo determinan el rumbo de la humanidad siendo inoculados por este efecto resulta inquietante y maravilloso. Existen ya una veintena de empresas dispuesta a llevar a sus clientes fuera de órbita –que en el futuro cercano se generalizará aún más-, y por consecuencia a experimentar el efecto, ellos y sus análogos de las eras venideras, sin descartar a la población fascinada con experimentarlo. Sería estupendo que se esté fraguando una posible pandemia ante una eventual, y cada día más accesible, contemplación de la tierra; un poco de esperanza en la sinergia que demanda el camino al debacle de la aventura humana.


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